Ciudad


A unque sin testimonios escritos sobre su fundación se cree que nació ya como enlace de comunicación junto a una fortaleza. Es en el Concilio de Husillos en 1088 cuando aparece escrito por primera vez el nombre de Aranda. En los siglos posteriores la ciudad va creciendo con el mayor trasiego de personas por las tierras recuperadas del dominio musulmán y así se convierte en villa en el siglo XIII por orden de Sancho IV.

La primera muralla defensiva de Aranda de Duero, de la que apenas quedan vestigios, se levantó entre los siglos XII y XIII, pero la expansión urbanística obligó a construir una segunda muralla en el siglo XIV. Todo ello queda plasmado en el magnífico plano de Aranda de Duero, fechado en 1503, que fue el primer plano en tres dimensiones que se hacía en España. El legajo se conserva actualmente en el Archivo de Simancas y es curioso comprobar como muchas de las edificaciones de la época siguen en pie en la actualidad.

La ciudad de paso que era Aranda de Duero se convirtió en una villa agrícola, ganadera y con presencia de maestros en distintos oficios. Los siglos XV y XVI fueron de gran pujanza con la llegada de familias de alto linaje como los Acuña, Rojas o Zúñiga, atraídos por la gran pujanza del vino en esa época. Además, hay que anotar la construcción del gran templo de la ciudad, la iglesia de Santa María. Cerca de 4.000 personas vivían en una ciudad que era frecuentada por los monarcas de la época. Este esplendor se pierde con el paso de los años y a finales del XVII apenas se contabilizaban 771 vecinos.

Solo en la segunda mitad del siglo XX se produjo la gran transformación de Aranda Duero de una villa agrícola y de paso a una ciudad que aprovechó su situación estratégica para atraer grandes industrias. Y así en la actualidad cuenta con algunas de las empresas más importantes de Castilla y León, como son los casos de Michelin, Calidad Pascual o GSK, por citar algunos ejemplos, además de verse favorecida por el imparable crecimiento de los vinos de Ribera del Duero.

Con una población ligeramente superior a los 30.000 habitantes, Aranda es la capital de la comarca de la Ribera del Duero y un centro de vida económica y cultural muy animada por su ubicación cercana a ciudades como Madrid, Burgos, Soria, Segovia, Palencia o Valladolid.




L a patrona de la ciudad es la Virgen de las Viñas, cuya imagen se encuentra en la ermita del mismo nombre ubicada en la salida norte de la ciudad. En honor a esta virgen se celebran las fiestas patronales, que tienen lugar en la primera quincena de septiembre y se prolongan durante nueve días, en los que las peñas se encargan de que no pare la música y el jolgorio.
Aranda de Duero ha crecido acunada por nuestro más importante activo que es el vino Ribera del Duero, alrededor de él se ha creado una importante industria agroalimentaria basada en la experimentación, en la innovación y en la tradición, siendo la agricultura sostenible e integradora la que está permitiendo la diferencia de nuestros vinos frente a territorios de la UE con análogas variedades de uva.

Aranda de Duero es una ciudad emergente, dinámica, con población joven, emprendedora y preparada para los retos de la UE en el 2020, comprometida con su tierra, con fuerte carácter y personalidad propia. Una tierra vinculada históricamente con el vino y aglutinadora de una comarca orientada a los mismos objetivos. La base de nuestro crecimiento es interactuar con el clúster natural de vino, que se ha ido creando con un importante grado de desarrollo y que concentra gran parte de los elementos caracterizadores del territorio. Esta agrupación natural de empresas facilita en gran medida la definición y desarrollo de las Estrategia de Especialización Inteligente del municipio.


L a coqueta Plaza de Trigo hace referencia a lo que durante muchos siglos fue el lugar donde se celebraba el mercado de Aranda. Ya en el siglo XV se vendían allí todo tipo de cereales y se habilitaron soportales donde pudieran cobijarse los vendedores en los días de lluvia.

Esta plaza acoge diversas construcciones de épocas distintas, pero de gran relevancia. Una de las más sencillas posee una balconada de madera que, a pesar de no encontrarse en su mejor momento, es un claro ejemplo de la arquitectura popular castellana y, como tal, se halla reproducida en el Pueblo Español de Barcelona.

En el número tres de la plaza, con una fachada esgrafiada de fina traza, se encuentra la vivienda donde nació el ministro Don Diego Arias de Miranda, persona notable de la ciudad y, en frente, la denominada Casa de los Fantasmas, que reformó don León Berzosa a comienzos del siglo XX. En dirección a la calle Isilla nos encontraremos a la derecha el Centro Cultural de Caja de Burgos, antiguo Teatro-Cine Principal, y a la izquierda la Casa de Cultura. Esta plaza acoge gran parte de la actividad cultural de la ciudad, como el Certamen Internacional de Bandas de Música o el Festival de música indie Sonorama-Ribera, que tiene en este rincón de la villa uno de sus hitos matinales más emblemáticos.

La Plaza del Trigo se angosta para dar paso a la Calle Isilla, un tramo peatonal que es el centro vital de la ciudad. Casi todos los arandinos pasan en algún momento del día por esta vía cuyo nombre procede del vocablo “dehesilla” o dehesa pequeña. Algunos de sus edificios nobles han ido desapareciendo con el paso del tiempo, pero sigue siendo el lugar en donde se encuentran muchos de los comercios y restaurantes de la villa.




E star en la Plaza Mayor de Aranda es encontrarse en el auténtico corazón de la villa y aquí se puede sentir como en ningún otro sitio el palpitar de la ciudad. Lo que hoy es un punto de encuentro, a lo largo de la historia ha sido escenario de momentos inolvidables.

Aquí se celebraron torneos medievales y se enfrentaron los jóvenes de los principales linajes con las armas de la época en espectáculos que congregaban a las masas. También se dieron festejos taurinos, el último celebrado en 1866, o fue el lugar elegido para ajusticiar a guerrilleros durante la Guerra de la Independencia. La Plaza surgió fuera de la primera muralla de la ciudad y se conocía como Plaza Nueva por ser posterior a la Plaza del Trigo. Con la construcción de una segunda muralla, la plaza entró a formar parte del casco urbano y tomó su forma actual en torno a 1454 cuando se permitió que se construyeran viviendas sobre la parte sur de la muralla, dejando un pasillo para que los soldados pudiesen hacer sus rondas.

Aunque no se puede decir que haya homogeneidad en las viviendas que conforman la plaza, sí que hay ejemplos de edificios de distintas épocas y, hay que destacar el soportal de la zona sur que ya se construyó en su día para albergar los puestos de los mercaderes.

Este mercado tuvo tanta solera que en el año 1326, por presiones de la comunidad judía, el rey Alfonso XI dio orden para que se trasladase a los lunes, ya que el sábado era el día sagrado para las personas que profesaban esta religión.

En esta plaza, en lo que se conocía como Torre del Duero o Casa del Corregidor, se encuentra desde el siglo XVI el Ayuntamiento de la ciudad. Frente a él se encuentra el edificio de la Tertulia, sociedad de recreo nacida a mediados del siglo XIX, época en la que la burguesía local utilizaba la plaza para paseos dominicales. Otra posibilidad es visitar el Centro de Interpretación de la Arquitectura del Vino, CIAVIN, que alberga una amena exposición sobre cómo la tradición vitivinícola ha influido en la arquitectura de Aranda y de toda la comarca. y la colección de juguetes tradicionales que se encuentra en la Oficina de Turismo.


E l aumento de población de Aranda en los siglos XIII y XIV obligó al Ayuntamiento a construir una nueva cerca que incluyera los barrios que habían ido creándose a lo largo de la Edad Media, como Barrio Nuevo, la plaza Nueva o la calle Isilla.

Sus moradores pleitearon a comienzos del siglo XVI con los propietarios de una casa que les impedía acceder fácilmente al centro de la villa. Se quejaban que para llegar a la iglesia de Santa María debían pasar por el callejón del Pozo, según los testigos del pleito una de las más sucias de Castilla, donde no podía pasar el viático y en donde los hombres se echaban a las mujeres.

En uno de los tramos de la calle se sitúa la plaza del Rollo, con su emblemático símbolo señorial en piedra. Y allí mismo se encuentra al palacio de los Berdugo, con toda seguridad el monumento civil más representativo de Aranda. Reconocible por su soberbia fachada de mampostería adornada con hermosos escudos que recuerdan su origen nobiliario.

El constructor de este palacio del siglo XV, Martín Durango, fue contador del conde de Miranda y su traza se mantiene fiel a su estilo original a pesar de haber sufrido algunas modificaciones con el paso de los años.

Se cuenta que el mismísimo Napoleón residió cuatro días en este palacio en noviembre de 1808, durmiendo en una singular cama de estilo barroco, de modo que hizo uso de las estancias de esta gran mansión entre las que se incluyen biblioteca, capilla, salones y aposentos adornados con mobiliario de distintos siglos. Mención especial merece el patio porticado con columnas y balaustrada de madera en una doble galería. En el centro del patio se encuentra un pozo y algunos de los carruajes utilizados por sus antiguos dueños.




L a iglesia de San Juan Bautista es el templo más antiguo de la ciudad y uno de los puntos con mejores vistas a las riberas de los ríos y al puente románico. En su exterior se halla el busto del General Gutiérrez, famoso militar arandino vencedor de Nelson y defensor de Santa Cruz de Tenerife a finales del siglo XVIII.

San Juan se construyó en varias fases. La parte más antigua es la torre-campanario levantada, probablemente, en el siglo XIII como parte de la primera muralla defensiva de la villa. El templo actual se comenzó a construir en el siglo XIV y finalizó un siglo más tarde.

Los arquitectos pensaron agrandarlo, pero debieron cambiar de opinión y no prosiguieron las obras.
En el exterior del templo, lo más destacado es la fachada sur de estilo gótico purista que está presidida por una estatua de San Juan en el tímpano barroco y que cuenta con nueve arquivoltas que ofrecen una imagen de solemnidad, muy en la línea de la sobriedad castellana.

En el interior del templo se alzan tres naves y destaca la capilla de Las Calderonas, en la que se muestra un precioso retablo plateresco de mediados del siglo XVI, además de una compleja bóveda de crucería.

El gran año de la Iglesia de San Juan fue 1473, cuando en el interior del templo se celebró el Concilio de Aranda presidido por el obispo Alonso Carrillo de Acuña. Tras intensos debates se tomaron algunas decisiones para poner fin a la relajación en que había caído el clero en asuntos relacionados con el juego, la obligatoriedad de oficiar un número determinado de misas o la presencia de concubinas. Por otro lado, se palpaba de fondo la pugna entre Isabel y Juana la Beltraneja por hacerse con el trono de Castilla.

En la actualidad la iglesia se ha convertido en Museo de Arte Sacro y alberga la exposición titulada “Los caminos de la Luz”, donde pueden ver algunas de las piezas religiosas más importantes de la comarca ribereña.

Frente a la entrada principal se encuentra la Casa de las Bolas que alberga el actual museo de pintura de Félix Cañada. Se trata de una pinacoteca muy interesante, pues aloja obra de diferentes estilos y épocas.


L a fachada sur de la iglesia de Santa María es un gran tapiz. A medio camino entre el gótico final y el renacimiento fue diseñada para cobijar un gran mural en su fachada principal para hacer visible el poder divino. Cada uno de sus elementos arquitectónicos cuenta alguna historia sagrada mediante el poder de la imagen, que era algo imprescindible en la sociedad medieval en la que la mayoría de la población no sabía leer.

Esa carencia educativa de la época nos ha dejado una fachada única. Las figuras que se ubican en la parte baja de la fachada son los cuatro Padres de la Iglesia de Occidente: San Ambrosio, San Jerónimo, San Agustín y San Gregorio Magno. La iglesia se encuentra dedicada a la Virgen, de manera que el tímpano contiene algunas de las escenas más características de su vida. Así, encontramos el Nacimiento de Jesús y la Epifanía, y en la parte superior unas pequeñas escenas de la Anunciación y los Reyes Magos.

La puerta es doble y está separada por un parteluz donde aparece la Virgen dando de mamar al Niño y se completa con una serie de figuras de los evangelistas, apóstoles y algunos santos de gran relevancia y devoción en la villa como San Roque, San Lorenzo o San Antón. Los relieves en madera de la puerta fueron sustituidos por copias para su protección y las tablas originales pueden verse en el Museo de San Juan.

En la parte superior de la fachada aparecen tres grandes relieves que representan la Pasión de Cristo. La figura central muestra la escena de la Crucifixión y a ambos lados, dentro de dos medallones, vemos las escenas de Cristo camino del Calvario y la Resurrección.

Precisamente esta plaza acoge el acto más llamativo de la Semana Santa de Aranda de Duero. Es la bajada del Ángel que se desarrolla en la mañana del Domingo de Resurrección en la que un niño se desprende de una nube figurada para encontrarse con la virgen, a la que quita el velo negro en señal de alegría por la resurrección de Cristo. Miles de personas abarrotan la plaza para ver este momento cargado de emoción.

En el interior del templo encontraremos la magnífica escalera del coro construida en 1523, atribuida a Juan y Sebastián de la Torre, en la que se aprecia el paso del gótico al renacimiento manteniéndose en ella recuerdos mudéjares. De todos los bienes muebles que se custodian cabe destacar el bello púlpito renacentista de forma hexagonal íntegramente labrado en madera de nogal. Otro elemento destacable es la presencia de imágenes religiosas como el Santo Cristo de la Salud de mediados del siglo XVI.

Santa María es la gran iglesia de la ciudad, su símbolo arquitectónico y el lugar donde se ha escrito buena parte de su historia.




J óvenes y mayores de todas las edades aprovechan la sombra de los árboles de los Jardines de Don Diego para hacer un descanso o pasar la mañana viendo el fluir de coches y personas que no cesan de pasar por esta plaza, centro de negocios de la ciudad.

Siglos atrás era conocida como Plaza de la Resina, puesto que allí se depositaba la resina de los pinares cercanos, y a finales del siglo XIX fue el lugar elegido para el mercado de ganado y maderas. Pero, hablando de ganado, la plaza fue mucho antes descansadero de ovejas merinas trashumantes. Aquí construyó en 1784 un palacio el Obispo de Osma, Bernardo Antonio Calderón, que luego fue reconvertido en colegio seminario de los frailes del Corazón de María.

En esta plaza estaba también el Hotel Ibarra, establecimiento que visitaba frecuentemente Alfonso XII a principios del siglo XX para degustar huevos fritos camino de sus vacaciones estivales en San Sebastián.

El nombre de la plaza hace referencia a Don Diego Arias de Miranda, arandino nacido en 1845 que llegó a ser ministro de Marina y de Justicia y Hacienda. Para hacernos una idea de su dilatada vida política basta decir que representó en el Congreso de los Diputados a la circunscripción de Aranda en 22 legislaturas, siendo elegido finalmente senador vitalicio.

En el centro de la plaza hay un monumento en el que se encuentra su estatua. Esta obra fue realizada tras su fallecimiento en 1929 por Emiliano Barral. Fue financiada por cuestación popular. Los jardines primitivos fueron diseñados por el pintor y paisajista sevillano Javier Winthuysen.


E l corazón de la ciudad es el Duero que da nombre a la villa y forma parte de su historia. El Duero fue la causa de su primer asentamiento, aunque comparta protagonismo con otros dos ríos más pequeños que desembocan en la propia ciudad: el Arandilla y el Bañuelos.

Paralelo al río discurre el sendero conocido como GR 14, que es un paseo natural por un bosque de galería formado por una vegetación compuesta de sauces, alisos, fresnos y álamos. Un lugar idóneo para pasear o andar en bicicleta.

El Duero es el gran río de Castilla y León. A su paso por Aranda lo cruzan cuatro puentes. El más importante y antiguo es el que está ubicado junto al Ayuntamiento. Era la entrada natural a la villa y, en tiempos, hubo que pagar un impuesto para poder cruzarlo. La localidad posee más puentes. En el cauce del Arandilla se encuentra el Puente Conchuela, obra medieval de un solo ojo. Y aunque el Bañuelos es un río con menos caudal, en él se halla el puente más bonito. Se le conoce como puente Romano, aunque en realidad fue construido en época medieval y era la primitiva entrada de la villa.

Muy cerca de éste se encuentra el embarcadero del Barriles, un lugar de ocio y disfrute que con el buen tiempo se encuentra muy concurrido y desde el que se accede a pequeñasbarcas con las que dar un paseo por el río.